TEMA: LÓGICA ARISTÓTELICA
PROPÓSITO: Comprender
la lógica como la disciplina filosófica que estudia la estructura o formas de
pensamiento (tales como
conceptos, proposiciones, razonamientos) con el propósito de la construcción de
argumentos válidos o correctamente lógicos.
ACTIVIDADES:
https://youtu.be/R0sjy0A-AKM?si=jbt91NbZHdXw7llV
1. Trabajo en el tablero con las imágenes para clasificar en
reino animal, vegetal y mineral
2. Trabajo por grupos con las imágenes de causas y
efectos(lotería)
3. Explicación y copia de tema
4. Juego La ruta de la serpiente
Creando frases de carácter: UNIVERSAL;
PARTICULAR; AFIRMATIVAS Y NEGATIVAS
Ejemplo:
UNIVERSAL: Todos los seres
humanos son racionales
PARTICULAR: Alguno de los
estudiantes de 8 es pelirrojo
NEGATIVAS: Los televisores no son triangulares
AFIRMATIVAS: La sangre es roja
5. Lectura y explicación del capítulo Lógica Aristotélica
LÓGICA ARISTOTÉLICA (EL
MUNDO DE SOFÍA)
La distinción entre «forma» y «materia» juega también un
importante papel cuando Aristóteles se dispone a describir cómo los seres
humanos reconocen las cosas en el mundo. Al reconocer algo, ordenamos las cosas
en distintos grupos o categorías.
Veo un caballo, luego veo otro caballo, y otro más. Los
caballos no son completamente idénticos, pero tienen algo en común, algo que es
igual para todos los caballos, y precisamente eso que es igual para todos los
caballos, es lo que constituye la «forma» del caballo. Lo que es diferente o
individual, pertenece a la «materia» del caballo.
De esta manera los seres humanos andamos por el mundo
clasificando las cosas en distintas casillas. Colocamos a las vacas en los
establos, a los caballos en la cuadra, a los cerdos en la pocilga y a las
gallinas en el gallinero. Lo mismo ocurre cuando Sofía Amundsen ordena su
habitación. Coloca los libros en las estanterías, los libros del colegio en la
cartera, las revistas en el cajón de la cómoda. La ropa se dobla ordenadamente
y se mete en el armario, las braguitas en un estante, los jerseys en otro, y los
calcetines en un cajón aparte. Date cuenta de que hacemos lo mismo en nuestra
mente: distinguimos entre cosas hechas de piedra, cosas hechas de lana y cosas
hechas de caucho. Distinguimos entre cosas vivas y muertas, y también entre
plantas, animales y seres humanos. ¿Me sigues, Sofía? Como ves, Aristóteles se
propuso hacer una buena limpieza en el cuarto de la naturaleza. Intentó mostrar
que todas las cosas de la naturaleza pertenecen a determinados grupos y
subgrupos. (Hermes es un ser vivo, más concretamente un animal, más
concretamente un vertebrado, más concretamente un mamífero, más concretamente
un perro, más concretamente un labrador, más concretamente un labrador macho.)
Vete ahora a tu cuarto, Sofía, y recoge del suelo cualquier
objeto. Sea cual sea el objeto que levantes descubrirás que lo que estás
tocando pertenece a uno de los órdenes superiores. El día que veas algo que no
sepas clasificar, te llevarás un gran susto; por ejemplo si descubrieras una
cosa de la que no supieras decir con seguridad si pertenece al reino animal, al
reino vegetal o al reino mineral. Apuesto a que ni siquiera te atreverías a
tocarla.
Acabo de decir el
reino vegetal, el reino animal y el reino mineral. Me estoy acordando ahora de
ese juego que consiste en que uno se va fuera, mientras el resto de los
participantes en la fiesta deben pensar en algo que el pobre de fuera tiene que
adivinar al entrar. Los demás invitados han decidido pensar en el gato llamado
Mons, que en ese momento se encuentra en el jardín del vecino. El que estaba
fuera vuelve a entrar y comienza a adivinar. Los demás sólo pueden contestar
«si» o «no». Si el pobrecito es un buen aristotélico, y en ese caso no es
ningún pobrecito, la conversación podría transcurrir aproximadamente como
sigue: ¿Es algo concreto? (Sí.) ¿Pertenece al reino mineral? (No.) ¿Es algo
vivo? (Sí.) ¿Pertenece al reino vegetal? (No.) ¿Es un animal? (Sí.) ¿Es un ave?
(No.) ¿Es un mamífero? (Sí.) ¿Es un gato? (Sí.) ¿Es Mons? (¡Sííííííííí!
Risas...)
De manera que fue Aristóteles quien inventó este juego.
Aristóteles fue un hombre meticuloso que quiso poner orden en los conceptos de
los seres humanos. De esa manera sería él quien creara la lógica como ciencia.
Señaló varias reglas estrictas para saber qué reglas o pruebas son lógicamente
válidas. Bastará con un ejemplo: si primero constato que «todos los seres vivos
son mortales» (primera premisa) y luego constato que «Hermes es un ser
vivo»(segunda premisa), entonces puedo sacar la elegante conclusión de que
«Hermes es mortal». El ejemplo muestra que la lógica de Aristóteles trata de la
relación entre conceptos, en este caso «ser vivo» y «mortal». Aunque tengamos
que darle la razón a Aristóteles en que la conclusión arriba citada es válida
cien por cien, a lo mejor tendríamos que admitir también que no dice nada
nuevo. Sabíamos de antemano que Hermes es «mortal». (Es «un perro» y todos los
perros son «seres (segunda premisa), entonces puedo sacar la elegante
conclusión de que «Hermes es mortal».
El ejemplo muestra que la lógica de Aristóteles trata de la
relación entre conceptos, en este caso «ser vivo» y «mortal». Aunque tengamos
que darle la razón a Aristóteles en que la conclusión arriba citada es válida
cien por cien, a lo mejor tendríamos que admitir también que no dice nada
nuevo. Sabíamos de antemano que Hermes es «mortal». (Es «un perro» y todos los
perros son «seres vivos», que a su vez son «mortales», a diferencia de las
piedras del Monte Everest.) Sí, sí, Sofía, lo sabíamos ya. Pero no siempre la
relación entre grupos de cosas parece tan evidente. De vez en cuando puede
resultar útil ordenar nuestros conceptos.
Me limito a poner un
solo ejemplo: ¿es posible que esas crías minúsculas de ratón chupen leche de su
mamá exactamente igual que los corderos y cerditos? Pensémoslo: lo que sí
sabemos, por lo menos, es que los ratones no ponen huevos. (¿Cuándo he visto un
huevo de ratón?) De manera que paren hijos vivos, igual que los cerdos y las
ovejas. A los animales que paren los llamamos «mamíferos», y los mamíferos son
precisamente animales que chupan leche de su madre. Y ya está. Teníamos la
respuesta ya en nuestra mente, pero tuvimos que meditar un poco. Nos habíamos
olvidado de que los ratones realmente beben la leche de su madre. Quizás se
debió a que nunca habíamos visto ratoncitos mamando. La razón es,
evidentemente, que los ratones se inhiben un poco cuando se trata de cuidar a
sus hijos en presencia de los seres humanos.
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